Abrazar el lado oscuro y traerlo a la luz. Tomar conciencia de todo el dolor que produce. Bajar (o subir) hasta su reconocimiento total. Hacerlo nuestro. Y después, llenarlo de luz. Aprender a movernos con fluidez entre las luces y las sombras, sin  detenernos demasiado tiempo en ninguna de ellas.

Miremos el mundo tal y como es. Aceptemos sus tinieblas (y las nuestras). Lloremos con él. Sólo así podremos abrazarlo (y abrazarnos). Traerlo hasta la luz.

“El bien como el mal, ambos sagrados. Sólo eres libre si amas tu propia oscuridad”

“El sol que mora en las tinieblas” de Emilio Fiel, Miyo.

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